lunes, 30 de septiembre de 2013

¿Y qué sentido hay?
¿Qué sentido hay en venir a pestañear, dormir un tercio de ese pestañeo y, el resto, hacer como si fuésemos a nunca volver a cerrar los ojos mediante la trascendencia familiar? Uno simplemente muere y no vive ni en la memoria colectiva, ni en el hijo ni en el amor: uno viene al mundo a seguir con el absurdo intentando enmascararlo para luego morir sin siquiera poder recordar lo hecho y, más aún, enmascaramos aquello y nos seguimos mintiendo a fin de alimentar el ego que nos pide sacrificios con tal de madurarlo y hacerle creer que su obra la podrá apreciar durante toda la eternidad y, mejor aún, que podrá vivir para vanaglorearse con quienes disfruten de ellas... ¡Tal como el Dios hebreo y su creación! ¡QUÉ LOCURA!

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