miércoles, 20 de marzo de 2013
somatizaciones
como quien despierta por la alarma
de su reloj cada día y su cuerpo reclama
más sueño que expresar alegría por descanso.
El viviente queda suspendido en su cama admirando
la nada, dándose cuenta de todo nada que lo rodea
cual preso en una habitación sin ventanas y con olor a
azumagado y desgastada cañería que gotea un agua que nunca beberá.
Sus ojos se han vuelto tan sombríos que pareciera como si tragasen la luz,
como si se alimentaran de ella para hacerse más profundos,
profundos cual océano una noche de Julio,
hambrientos hasta decir basta. Bulímicos que devoran lo que desprecian,
lo que les apesta, lo que rechazan...
Mas lo vomitan, pero cuales cañerías que dejan pasar sobre ellas el torrente
y lo dejan pasar como si solo se animaran y celebraran su eterno andar,
los profundos puentes de la desdicha emulada abren sus poros,
dan a conocer que su estructura aparenta lozanía cuando,
en verdad, decir irregularidad es poco... poquísimo.
Sus bocas aplauden mientras que el agua coquetea con ellas
dejando ser, dejando pasar,
por lo que nada más que una somera caricia ha de delinear
aquellos labios sedientos de luz para seguir siendo penumbra.
El baúl nocturno no hace más que aprovechar la lacra que ha
de dejar el agua en su fondo a fin de estar tan sedimentado...
que el agua deba quedar estancada, pasando a ser un eterno sedimento,
un infinito placer para las bocas...
Hasta que mueran embriagadas y en eterno dolor.
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